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 Buenos días, princesa [Axel]

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AutorMensaje
Sonja Khalevich
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Mensajes : 83

MensajeTema: Buenos días, princesa [Axel]   Jue Abr 01, 2010 5:16 am

Son las cuatro de la tarde y Sonja se encuentra en la calle esperando, desde hace algo más de dos horas, a Axel. No había aparecido ni avisado, desaparecido en combate. Su marca personal, ¿de qué se extrañaba? Hacía años que lo conocía, sabía cómo era. Y ella esperando y cogiendo frío, todo aquél que pasaba se la quedaba mirando. La chica empezaba a tener ganas de morder a alguno de los pobres transeúntes. Volvió a mirar el reloj de bolsillo de su abuelo y, resoplando, se decide en ir a mirar si está en casa.

De camino a su casa, había un buen trecho pues vivía lejos del lugar dónde habían quedado, aprovecha para llamarlo a su móvil pero, como no, no lo coge. Suspirando acelera el paso para llegar al Lord of bytes, teniendo una ligera idea de lo que podría estar haciendo.

Un cuarto de hora y dos llamadas más tarde, Sonja se ha plantado en la entrada del Cyber. Abre la puerta adentrándose en el oscuro local. - ¿Sammy? ¡¿Samwise?! – Busca con la mirada al rechoncho propietario del local mientras se quita el abrigo. No parecía estar por ahí, así que se dirige hacia donde se encuentran las escaleras, es entonces cuando se topa con el propietario. – Hey Sammy, ¿cómo te va? – Saluda levantando una mano. – ¡Oh, Sonja! ¿Qué se te ha perdido por aquí? – Se da una palmada cómica en la frente, que más que gracia da pena, a la vez que sonríe enseñando su amarillenta y fea dentadura. – Claaaro, ¡a Axel! – Sonríe de lado ante la tontería que lleva el hombre encima. – No lo podrías haber dicho mejor. Sí, se me ha perdido Axel, ¿tienes idea de dónde anda? – Pregunta ignorando el lento repaso que le dedica. – No, preciosa, no le he visto. Ni llegar, ni irse. – Tampoco era algo de extrañar viniendo de Hachi así que no la sorprende. – Bueno, bajaré a ver si está, por si las moscas. Hasta ahora. – Se despide con un guiño y, sin esperar respuesta, se dirige hacia la salida del local. Consciente de la mirada de Sam posada en su trasero, sonríe para sí misma y anda remarcando el contoneo de sus caderas, haciendo que la minifalda que llevaba se balanceara siguiendo el gracioso movimiento e ignorando la especie de gruñido que el otro deja ir.

Sale a la calle y abre la puerta vecina al cyber con la llave que Axel le entregó años atrás. El sonido de sus botas militares contra los escalones rebota en las paredes. Con un salto baja los tres últimos escalones y una sonrisa inconsciente se dibuja en su rostro al contemplar el nido de frikismo que es la vivienda de Axel. Con un rápido vistazo al lugar ve que, al menos, en la cocina no está, así que, siguiendo su instinto, se dirige al aparcamiento del Halcón milenario, también conocido como cama. Y, como no, allí se encontraba el chico. Destapado, espatarrado y… medio desnudo, solo unos slips cutres de leopardo tapan sus vergüenzas. La verdad es que la escena era cómica, pero lo sería aún más en cuanto consiguiera despertarle, tarea para nada fácil. Pero como no está como para andarse con chiquitas se dirige a la cocina, coge la primera olla que encuentra y la llena de agua fría, después coge una sartén y un cucharón de madera y vuelve hacia la cama. Con una sonrisa maliciosa y pensando en venganza se sitúa justo detrás de la cabeza de él y canturreando vacía la olla en toda su cara, dejándolo a él y a la cama empapados. En seguida, coge sartén y cucharón y empieza a dar golpes mientras lo ve medio despertarse. – Arriba Bella durmiente, ha llegado tu príncipe. – Sigue dando golpes y sacudiéndolo con un pie para que aterrice de una vez. – Buenas tardes, ¿sabes que me has dejado plantada más de dos horas? – Para de hacer ruido y deja los utensilios a un lado en cuanto ve que parece que empieza a ser persona y se agacha a su lado, reposando la cabeza encima de los brazos cruzados. En su cara una dulce sonrisa que no prometía nada bueno.
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Axel C. Welles
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Mensajes : 48

MensajeTema: Re: Buenos días, princesa [Axel]   Mar Abr 13, 2010 1:36 am

Estaba él solo, en una azotea abandonada en una ciudad destruida y reducida prácticamente a escombros. Mirase donde mirase tan solo llegaba a sus ojos la polvareda que se levantaba por la brisa en las calles sin vida. De pronto un enorme grito, segudio de decenas, centenares más, y el sonido de algo parecio a una estampida.

Ahí estaba él, con una triunfal sonrisa en su enfermizo rostro y vestido al más puro estilo Mad Max, con unos pantalones de cuero negro ajustados y raídos por las rodillas, una camisa de manga corta de rejilla con un chaleco militar por encima, y unas viejas botas negras. Una enorme ametralladora estaba plantada frente a él y uzis y pistolas estaban sujetas a sus piernas y pecho con correas. De nuevo los gritos, más altos y claros, que se acercaban junto con aquel sonido que parecía que provenía de una manada de búfalos corriendo. Él ahora apunta a la puerta de la azotea, sin borrar esa sonrisa aún cuando esta sale volando del marco, dejando ver la procedencia de aquellos gritos... una inmensa horda de zombies que corrían hacia él deseosos de probar su sangre.

Pero ni uno se acerca a él, antes caen a sus pies por la tormenta de balas que sale del humeante cañón de la ametralladora, casi pareciendo que poseía bala sinfinitas. Avanza corriendo lanzando a un lado el arma y cogiendo un par de uzis, amasacrando a los muertos vivientes a su paso y haciendo mella en aquella horda. Las paredes salpicadas de sangre, su ropa teñida de un rojo negruzco por los fluídos podrdios de aquellos seres, pero él avanzando triunfante entre ellos, sin ninguna herida.

Pero algo va mal, de repente mira arriba y ve como un zombie salido de ninguna parte vomita como si se tratase de una fuente un líquido viscoso y verdeamarillento, que le ducha entero, y luego sonidos metálicos y tremendamente molestos... no... ahora no... no quiere despertar...

Sus ojos se abren poco a poco, y puede sentir la boca tremendamente pastosa junto a aquella extraña sensación de estar empapado. Escucha gritos y ese sonido tan estridente y desagradable, y no tarda en fijar su mirada allí. Una figura femenina que poco tarda en reconocer está plantada en su pequeño hiperespacio jodiendole su magnífico sueño. Bosteza, haciendo un gesto con la mano pra qu Sonja dejase de hacer ese ruido con... su cacerola!. Intenta echarle la bronca por estar jodiendo su cacharro, pero un nuevo bostezo se lo impide. No importa, ya le echaría la bronca más tarde.

Se despereza, encasquetándose el sombrero con el cuál había pasado la noche y se incorpora de un salto. Rasca sin demasiado miramiento sus partes nobles mientras bsteza y avanza, dándole un sonoro beso en los labios a Sonja y un cachete en el trasero. Tampoco parece mucho importarle que ella le vea con esas pintas, total, si no quiere ver un flacucho, pálido y tatuado cuerpo como el suyo, ya sabe donde está la puerta.

-Los príncipes azules de los cuentos preparan el desayuno a sus princesas y no tienen tanta mala hostia...-Sin darse cuenta ha avanzado hasta la cocina, y a pesar de no parecer muy atento a lo que le dice su socia, no tarda en mirar la hora y confirmar ese retraso: sí, justo, dos horas-¿Sabes que me has despertado en mitad de un sueño super profundo?... ni un día de retraso lo compensa, esta te la guardo...-Pronuncia las últimas palabras aguantándose un bostezo, que sale de su boca al terminar de hablar. Se acerca a su pequeño laboratorio y cogiendo un matraz con un líquido rojizo en él, bebe largamente, quitando así esa pastosidad asquerosa de su boca. Se gira y mira a Sonja, ofreciéndoel del recipiente-¿Refresco de cereza? ¿Tostadas con mantequilla?... podemos hablar d elo que quieras llenando el estómago
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Buenos días, princesa [Axel]
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