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 Secretos escritos (Jeremmy)

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Níobe Targaryen
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MensajeTema: Secretos escritos (Jeremmy)   Miér Abr 28, 2010 6:43 pm

Los días en los que su hermano salía a deambular desde que amanecía hasta la madrugada siguiente, solían darse de cuando en cuando. Níobe lo sabía, y por eso ya no le sorprendía amanecer y encontrarse completamente sola, teniendo conocimiento de que él estaría en el bosque saciando sus instintos con algún animal y que sin pasar por casa se iría a cualquier bar a evadir sus culpas con cerveza y alguna mujer. Aquel parecía ser uno de esos días, puesto que la tarde ya estaba haciendo su entrada y Cédric no había regresado.

La joven suspira, recostada en el amplio sofá del salón. La tele está apagada, la cocina perfectamente recogida, y en el horno encendido comienza a oler a dulce. Ella, mientras tanto, escribe concentrada en ese cuaderno del que nunca se separa, que es como su diario personal, tan privado que ni su hermano a logrado leerlo. Es difícil saber sobre que estará escribiendo esta vez a simple vista, puesto que el cabello rubio tapa parte de su rostro pecoso, aunque de todas formas tampoco hay nadie que pueda verla ahora.

Níobe apoya la cabeza en el respaldo unos instantes, girando el lápiz con sus dedos y cerrando los ojos. Realmente, cuando está a solas logra relajarse, al no tener que fingir constantemente que todo va bien con tal de no defraudar a su hermano. Sin embargo eso no la hace más feliz porque, sea lo que sea aquello que ocupa sus pensamientos, logra más bien abstraerla de forma melancólica.

Permanece así largo rato, terminando por entrar en un estado de duermevela en el cual su mano deja caer la libreta al suelo, junto con el lapicero, sin que pueda percatarse de ello.
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Jeremmy Silverfang
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Miér Abr 28, 2010 8:13 pm

La tarde asomaba tras las siluetas de los edificios mientras una suave brisa primaveral acariciaba la escena que un misterioso jóven, de apariencia ausente y a la vez corriente, cruzaba sin reparar en un coche que hacía lo pertinente a su misma vez. Un bocinazo y un par de insultos lo hicieron volver en sí cuando de un ágil salto acabó de cruzar el paso de cebra con el semáforo en rojo. Sacudió la cabeza y se revolvió el pelo, pensando que debía ir con más cuidado dado que últimamente sus pensamientos lo abstraían de un modo acaparador y eso, constantemente, lo ponía en indeseados aprietos.

Iba vestido con unos simples tejanos grisáceos como el asfalto que pisaba con unas deportivas normales y corrientes. Su desnudo torso era cubierto por una sencilla camiseta interior blanca con una camisa de cuadros azules y negros encima, entreabierta. Su mirada dorada estaba donde siempre, pero tal vez algo menos seria que de costumbre. ¿El motivo? Iba a ver a Céd. Hundió las manos en los bolsillos de los tejanos y visualizó la casa a lo lejos. Se aprisó y en un par de minutos ya estaba cruzando la puerta metálica del jardín sin muchas dificultades.

Adoraba esa casa, y ya se la conocía como la suya própia dado que era costumbre ir a ver a su mejor amigo para planear cosas o simplemente pelearse a ver quién podía más. No contaba, evidentemente, con el detalle de que esa hermosa tarde no hallaría a Céderic tirado en su cama, sino a otra personita algo más bajita y con más adorables pequitas por encima de la nariz. Bordeó con paso ágil la piscina y recordó que cuando eran más niños jugaban con ese jardín a imaginar que era una espesa selva, así que os podéis imaginar cuan cuidado estaba.

Localizó la ventana del salón abierta y pasó de rebuscar la llave de repuesto entre las macetas o llamar al timbre. De un salto se coló y aterrizó de cuclillas sobre la moqueta del salón. Se sacudió los hierbajos y la tierra de las deportivas y se las sacó para dejarlas en el ventanal, andando en calcetines por casa. No era plan de ensuciarles, luego sabía que eso molestaría a la hembra de la casa. Y allí estaba ella, acomodada en el sofá, dormida. Buscó con la mirada a Céd y andó por los dos pisos. Intuyó, tras rebuscar hasta en el baño, que no estaba. Volvió al salón y se acercó a la muchacha, sonriendo de lado.

A la que estaba a pocos metros pisó algo que un poco más y le jode el pie. Se mordió los nudillos para no gruñir y bajó la mirada, cojeando. Vió un lapicero e hizo el movimiento de mandarlo a la mierda de una patada, pero algo le llamó la atención. Se acuclilló y tomó ese particular cuaderno. Hmm... Pensó y se dispuso a abrirlo lentamente, acuclillado justo delante de las rodillas de ella.

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Níobe Targaryen
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Miér Abr 28, 2010 8:30 pm

En esa particular siesta improvisada, el subconsciente de Níobe comienza a removerse, agitando sus tentáculos en torno a una mente ahora más relajada. Una serie de imágenes vienen a su cabeza, en apariencia sin tener conexión unas con otras, pero formando poco a poco un fotográma que cobra sentido. La joven se remueve un poco, abrazándose a si misma en el sofá, y medio sonriendo mientras se ve a si misma corriendo por el jardín y escondiéndose detrás del grueso árbol junto al cual colgaba su columpio... Eran pocas las veces en las que, gracias a la insistencia de su padre, conseguía jugar con Cédric y Jeremmy, aunque siempre la pillaban y ella, enfurruñada, sacaba los puños dispuesta a pegarles aun cuando le sacaban dos cabezas.

El sueño cambia, volviéndose a uno mucho menos alegre y memorable, como puede verse cuando emite un quejido y su cuerpo es sacudido por un temblor. Un "No" escapa de entre sus labios y sus brazos se cierran con más intensidad en torno a si misma. Lo que quiera que sea aquello que su subconsciencia le ha hecho revivir como si fuese de nuevo real, es sin lugar a dudas bastante angustioso, lo suficiente como para que no repare en la presencia que ahora recorre la casa en busca de su hermano.

-¡Papá! -Grita, abriendo los ojos de golpe e incorporándose hacia delante con brusquedad. Una brusquedad lo suficientemente considerable como para que el impulso le haga precipitarse hacia Jeremmy, empujándole hacia el suelo y cayendo detrás, encima. Mira a todos lados, sentada sobre él y confundida, con el lacio cabello rubio completamente revuelto. Es entonces cuando finalmente reconoce a la persona que tiene delante y, al hacerlo, sus mejillas se van tiñendo de rojo progresivamente- Jeremmy, ¿qué haces tú aq...?

No termina la frase porque algo reclama su atención con más urgencia, concretamente algo que Jeremmy sostiene en una de sus manos. Sin pensárselo dos veces, estira el brazo para arrebatarle el cuaderno al muchacho, olvidándose de las circunstancias de su encuentro y del detalle de estar vistiendo tan solo un corto camisón de tirantes en el que hay una Minnie Mouse estampada.
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Jeremmy Silverfang
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Miér Abr 28, 2010 10:25 pm

Sus ambarinos ojos seguían mirando con sumo interés aquél cuaderno que, bajo cualquier circunstáncia, tenían como algo prohibidísimo tanto él como el hermano mayor de la autora en cuestión. Podéis suponer el grando de tentación que tenía el poseerlo en sus manos. El cuaderno de Níobe. Desnudo e indefenso ante sus ganas de leer sus más ocultos secretos. La muchacha era de naturaleza cerrada, por lo que la tentación agumentaba a cada escena de la película que se proytectaba en su mente y que llevaba por protagonistas a Céd, Nío y Jers.

No le costó visualizar la cantidad de veces que, desde enanos, veía a la pequeña rubia garabatear cosas en esa libretilla privada. Realmente ahí dentro debía esconderse algo más gordo que lo que ocultó en su día la caja de Pandora. Frunció el ceño y siguió recordando varias escenas de su niñez en esa casa. Los padres de ambos apenas se conocían, como mucho Jacqueline se llevaba con la madre de ambos chicos. Pero a nadie le gustaba pensar en sus famílias la mayoría del tiempo que pasaban juntos, por lo que siguió recordando sin reparar en ello.

Se lamentó por tener la voluntad de querer resistirse pero no poder hacerlo. Frunció más acentuadamente el ceño e inspiró un par de veces antes de empezar a abrir la portada. Entonces -y nunca más oportuna- la mujercita pecosa despertó cual bella durmiente ante el primer beso de amor verdadero. Al parecer alguien había cambiado las premisas del fin del sueño de la bella durmiente. Ahora no se desvelaba ante el primer beso, sino ante el primer cotilla que osaba urgar en su intimidad.

Apenas llegó a echar un ojo al interior del cuaderno que algo o alguien se le cayó encima, empujándolo y logrando derribarlo cual roca despeñada por la grabedad. Iba a quejarse cuando apreció, preguntándose cómo no lo había adivinado, quién era la que ahora yacía sentada sobre su cintura como si de algo físico se tratara. Parpadeó un par de veces, confuso y algo desorientado. Entreabrió los labios para disculparse pero ella se adelantó y se hizo con su cuaderno. Jeremmy arrugó el puente de la nariz y murmuró un casi mudo - Lo siento... solo buscaba a Céd, y obviamente no ha resultado estar dentro de tu cuaderno, me he debido de confundir - Trató de bromear sin sonreír. Miró su vestimenta y, parpadeando divertido añadió - Bonito atuendo, pequeña. -

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Níobe Targaryen
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Miér Abr 28, 2010 10:44 pm

Su cuaderno. Su baúl de los recuerdos y los secretos. Su más preciada posesión material. Su alma, su corazón, y toda su esencia, se veían plasmadas en esa gorda libreta. Sí, en cada página había puesto un trocito de si misma, había dejado un poco de su ser, y ahora se podría decir que ese cuaderno era quien mejor la conocía. Y Jeremmy había estado apunto de leerlo, había estado apunto de descubrir sus más inconfesables sentimientos, sus pensamientos más ocultos, y, sobretodo, había estado muy cerca de enterarse de que él ocupaba gran parte de estos. No, no podía mostrarle su alma a Jeremmy, porque eso conllevaría mostrarle que está loca porque él haga lo mismo a la inversa.

Pero por suerte su diario vuelve a estar en sus manos, a salvo de esa ambarina mirada, una mirada que en más de una ocasión le ha arrebatado una sonrisa cuyo causante no ha llegado a ver como culpa suya jamás. Pasado el susto inicial puede volver a relajarse, como se percibe en el hecho de que respira hondo y se acomoda. Un momento... Se está acomodando, sentada. Sentada sobre Jeremmy. Sobre su cintura, para ser más exactos. Inevitablemente mira hacia abajo, y entonces...

-¡OH! -Exclama, pegando un bote hacia un lado y levantándose de golpe, mirándole desde arriba. Sabe que en aquellos momentos el rubor de sus mejillas se debe haber acentuado en buen grado, pero intenta no pensar en ello- Pues claro que no estaba en mi cuad... -Espera... ¿Eso era una broma? Le había contestado en serio porque había sonado como tal- ¿Sabes? Si sonrieses tu sentido del humor calaría mucho más hondo, Jeremmy... Me pregunto por qué te costará tanto hacerlo... -Le comenta como si nada, dando la sensación de que realmente habla consigo misma porque cuando lo dice, lo hace golpeándose el mentón con un dedo, pensativa- No, Ced no está, ha salido con su amiga Heineken, ¿la conoces? Ya sabes, esa con la que se queda hasta la madrug... -Se frena en su explicación cuando se da cuenta de lo que le ha dicho. Ha "alabado" su atuendo, y no puede evitar mirarse a si misma de arriba a abajo cuando él lo hace, sintiéndose un poco estúpida al darse cuenta de ello- Gra... Gracias... -¿Gracias? Genial, ahora sí que acaba de resultar estúpida del todo.

Está apunto de quedarse ahí parada, sin más, cuando de repente un "pip" se oye desde la cocina. El horno ha terminado, y el olor a bizcocho inunda toda la casa. Níobe, aún ruborizada, se encoge de hombros, sin saber bien que decir, hasta que finalmente le tiende una mano a Jeremmy:

-Ya que has venido hasta aquí, puedes quedarte a merendar... -Ofrece, sonriendo. Si lo de su libreta le ha molestado, parece habérsele pasado porque en su tono no demuestra enfado alguno. O quizá sea que es incapaz de enfadarse con él, quien sabe.
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Jeremmy Silverfang
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Sáb Mayo 01, 2010 12:11 pm

Siguió sentado en el suelo mirándola fijamente los breves instantes que en los que ella tomaba conciencia de haber recuperado su preciado cuaderno. Jeremmy sabía de todas todas cuán importante era para la pequeña rubia ese trozo de celulosa garabateada en mayor parte; basicamente porque la misma importancia le daba el pequeño alfa a otras cosas, como su corazón. Sí, por poco ético que pueda parecer, esa libreta no era otra cosa que una copia barata de lo que el corazón de Níobe podía contener. En cambio, Jeremmy Silverfang no tenia esa capacidad o necesidad de almacenarlo en un bien tangible al abasto de manos no deseadas.

El caso es que se la quedó mirando fijamente a los ojos cuando ella abrazaba su cuaderno y se acomodaba sentada encima de su cintura. No se molestó en bajar la mirada para ver contra lo que se refrotaba, dado que ya podía sentirlo con bastante exactitud. Carraspeó para que ella cayera en la cuenta, y así lo hizo. De golpe y porrazo sus desnudas mejillas adoptaron matices rosados y se alzó de un salto para alejarse de su calor corporal. ¿Podía permitirse el lujo de sonreír ahora? Tal vez. Fuera como fuere, lo hizo. No era una mágica sonrisa perfectamente sincera, sino más bien una sobrecargada de sorna. No es que se mofara de ella, solo trataba de no desvirtuar su habitual forma de ser.

No era hombre de excesivas palabras, por lo que se limitó a asentir una sola vez ante el reproche de ella a lo de sus bromas carentes de sonrisa -habitual caracterísitica identificatoria de las mismas-. Lo mismo hizo con su agradecimiento por el mal escondido cumplido. Escuchó con serenidad que Céd estaba de marcha y, como era de esperar, no se sorprendió. - Sí, la recuerdo, me la presentó un día. - Dijo hablando de la tal Heineken, ahora sí, con esa media sonrisa inclasificable, luego había perdido el deje de burla, pero tampoco era algo sincero... sencillamente era una sonrisa típica de Jers. De esas ilegibles, incomprensibles e inservibles la gran mayoría de veces.

Un piiip seco lo sacó de su ensimismamiento y el hombre flexionó el cuerpo para ponerse en pie y alzarse en todo su esplendor -por llamarlo de algún modo-. El horno. - Mmmm... huele demasiado bien para rechazar la oferta - Siseó mirándola intermitentemente a ella y a la puerta de la cocina. Céd no estaba. A Níobe no parecía molestarle su presencia ni el hecho de que casi viola su intimidad. No tiene nada mejor que hacer. Pues sí, se queda, ¿por qué no? La miró con esa misma sonrisa misteriosa y le pasó una mano por la cabeza, revolviéndole el pelo a esa mocosilla con la que, de un modo paralelo, había crecido para dejar atrás una feliz infancia.

Y es que, por increíble que parezca, Níobe Targaryen siempre había estado ahí.

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Níobe Targaryen
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Sáb Mayo 01, 2010 4:31 pm

Níobe corresponde a la mirada de Jeremmy cuando este la observa con fijeza. La joven tenía la arraigada costumbre, buena o mala, de buscar un constante contacto visual con casi todo el mundo al hablar. Realmente con Jeremmy no estaba hablando, pero lo buscaba igualmente, quizá porque para ella hablar no significa simplemente expulsar palabras por la boca, sino que la cosa va más allá. Sea como sea, sus ojos grises, carentes del brillo que poseían en su infancia, se clavan en los ambarinos de Jeremmy, en lo que él esboza esa satírica sonrisa que, sin embargo, no se parece en absoluto a lo que ella llamaría una verdadera sonrisa.

Muchas veces se preguntaba en que momento fue que Jeremmy Silverfang dejó de ser feliz. Sabe de la situación familiar, no es un secreto para nadie, y recuerda que su hermano vivió la separación junto con su mejor amigo. Ella, como siempre, estuvo ahí formando parte del Atrezzo, algo secundario en lo que nadie repara pero que, sin embargo, parece ser permanente. Sin embargo, parecía que él, conforme pasaban los años, en vez de recuperarse de ese golpe, iba a peor. En diversas ocasiones había divagado sobre cuantas caídas más habría vivido él, en busca del motivo por el cual parecía tener un insomnio permanente y una seriedad innata en el rostro... Siempre se habían quedado en eso, hipótesis de una mente demasiado acostumbrada a despedazar todo en miles de piezas para darle después un orden y sentido. El caso es que él habla y la saca de esas divagaciones, por lo que vuelve a observarle, de nuevo sonriente:

-Creo que tú también la conoces demasiado bien -Comenta respecto a "Heineken". Es posible que lo haya dicho sin más intención que resaltar un hecho, o puede que realmente vaya con algún tipo de intención oculta. Lo cierto es que muchas veces es imposible saber si ella dice las cosas por decir o son indirectas, dado que su tono de voz suena igual de natural y tranquilo tanto en unas como en otras ocasiones- De hecho creo que tiene que haber alguna en la nevera, así que si quieres... -Ofrece, en lo que se agacha a recoger el lápiz del suelo- No esta mal, te queda bien -Dice, refiriéndose a su ilegible sonrisa, que, si bien ya no es burlesca, sigue sin ser verdadera desde su humilde punto de vista. No ve felicidad, no ve ni si quiera un deje de alegría o emoción... Solo ve misterio y ninguna clave para descifrarlo- Sin embargo... -Golpea un par de veces su mentón y labios con la punta del lapicero, c0mo si estuviese meditando algo antes de decírlo ...creo que una de las auténticas te quedaría mucho mejor... -Suelta al final, colocándose el lapiz detrás de la oreja y encogiéndose de hombros- ...A ver si algún día te la encuentro -"Y luego la dibujaré para no olvidarme de ella". Eso último no lo añade, solo lo dice interiormente, como haciendo una promesa que ni si quiera le ha sido pedida.

Jeremmy se pone de pie, y mientras lo hace, Níobe deposita su cuaderno en el estante inferior de la mesa que hay frente al sofá. No cree que él vaya a ser capaz de cogérselo a conciencia ahora, quizá por ingenuidad, quizá porque confíe en la ética del joven. Vuelve a mirar hacia la cocina unos instantes cuando él hace ese comentario: se queda, por aburrimiento, por educación, por hambre, o por motivos que le son desconocidos... Pero el caso es que se queda, algo que realmente no se esperaba y que, además, le hace volver a sonreír. Asiente, ladeando el rostro una vez más hacia él, sin borrar esa sonrisa del mismo:

-En ese caso, acompáñame si eres tan amable -Dice, echando a andar hacia la cocina, con gráciles movimientos de sus largas y semidesnudas piernas... A veces parece que cuando camine, lo haga al son de una música que nadie más escucha, como si mantuviera un ritmo constante en su vida. Lo primero que hace al entrar es señalarle la nevera con la mirada, sabedora de que en ella encontrará té helado, batido de chocolate y, por supuesto, cerveza, junto a alguna lata de refresco- Estás en tu casa -Añade, por si queda alguna duda, en lo que toma un trapo para abrir el horno sin quemarse. El vapor con dulce aroma empaña toda la estancia, y ella lo aparta con la mano para coger la bandeja- Solo espero que te gusten las fresas y el chocolate blanco...
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Sáb Mayo 01, 2010 6:18 pm

Al haber caído al suelo por el prominente empujón de Níobe, su camisa -a cuadros negros y azules- abierta se había permitido el lujo de casi salírsele por uno de los hombros, dejando ver más ampliamente esa camiseta interior de color blanco. Se puso en pie y se la planchó con las palmas de las manos, ejerciendo algo de presión. Seguramente sus pintas serían un tanto atípicas para cualquiera, mas Níobe ya debería conocer a Jeremmy a esas alturas. Le aguantó la mirada sernamente y sin miedo alguno. El pequeño alfa no tenía problema alguno en aguantar la mirada a la gente, solo que no se hacía responsable de los posibles traumas que causara ver el gran vacío que, de forma paradógica, podía leerse en ellos.

La miró fijamente durante unos largos instantes, sin pudor. Realmente Níobe mantenía esos rastros de niña en su rostro, pero su cuerpo cada vez se asemejaba más al de una mujer. Su sonrisa seguía siendo la misma de siempre, insignificantemente misteriosa, mientras que la de ella irradiaba propia luz. Sencillamente, deslumbraba. Rodó los ojos cuando dijo lo de la Heineken y alzó ambas manos para toquetearse el pelo de forma distraída, casi aburrida. El olorcillo hacía que su estómago gruñera, luego hacía cosa de dos días que no se alimentaba de algo sabroso como lo era la cocina de Nío. Se olvidó de seguir olfateando cuando ella empezó a hablar de algo que Jeremmy no alcanzó a comprender a la primera.

Cuando dijo que le quedaba bien se miró la camisa y dudó entre que hablara de ella o de como se había logrado despeinar aún más. O a lo mejor hablaba de su barba descuidada. Frunció el ceño y el labio inferior pendió lentamente del superior, abriendo un poco los labios para borrar esa inescrutable sonrisa falsa. Repitió lo que dijo ella. Ahora sí que se había perdido- ¿Auténtic...? - Murmuró de forma casi inaudible. ¿Encontrarle una real? Realmente se había perdido algo de esa conversación o era cierto eso de que las mentes de las mujeres siempre van un paso por delante. Ella no pareció oirlo y él no le dió mayor importáncia.

La siguió sin mediar palabra y se fijó en esos desnudos muslos danzar al compás de sus graciles pisadas. Parpadeó aún con los labios entreabiertos y pensó que realmente no se había dado cuenta de cuándo esa pequeña mocosa de ojos azules y carnosos labios había empezado a usar sujetador y a levantarse diez palmos del suelo. La miró ladeando un poco la cabeza, sin detenerse, y se dió cuenta de que por mucho que se empeñara en verla como esa niña de ayer, era la mujer de mañana. La mujer del mañana. Aún con esos pensamientos en mente entró en la cocina, ya dejando de mirarle esas largas piernas, y alargó la mano hacia la nevera para abirirla y adueñarse de una verde. Su querida Heineken...

- A tu salud, piensa en verde. - Se movió, regido por la costumbre, a lo largo de toda la cocina hasta subirse de un salto al mármol negro de la esquina de la encimera. Abrió la lata con un psssp y, vigilando de no echársela por encima, dió un sorbito. La miró de reojo sacar esa delícia del horno y, de haberse visto en el reflejo de la tapa del microondas, se habría dado cuenta de que estaba sonriendo con total naturalidad, divertido de haberse dado cuenta de que Nío ya no era esa niña tímida a la que su hermano sobreprotegía día y noche. Miró hacia otro lado, con esa media sonrisa nostálgica pero sincera, y se entregó a los recuerdos que le traían esa casa.

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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Sáb Mayo 01, 2010 7:20 pm

Si era o no consciente de que Jeremmy no ha entendido a que se refería con sus anteriores palabras, fue un misterio, como casi toda ella una vez alguien es capaz de captar lo extraño de su comportamiento de contrastes. No respondió a su pregunta, dando la impresión de no haberle escuchado, aunque realmente no lo hizo por preferir que él mismo viera la respuesta algún día. Su mirada gris y algo apagada siguió fija en la de él, sin temor a perderse en el aparente vacío que, vivan las contradicciones, llenaba los ojos del joven Alfa.

Y ahora volvía a mirarle, pero de reojo, mientras él cogía aquella cerveza. Escucha su brindis, pero de su boca no sale palabra alguna en un principio, solamente deposita la bandeja sobre la encimera, abriendo el cajón para sacar un cuchillo con el que cortar dos porciones, una para cada plato después cogidos de un armario. Y entonces se gira hacia él, con ambos platos en la mano y entreabre los labios, con sorpresa. Un nuevo "oh" sale de entre estos, y rápidamente deposita los dos platos sobre la superficie marmorea, poniéndose de puntillas y cogiendo una bandeja plateada del armario. Ahora sí, ahora puede responder a su pregunta porque, sin saberlo, el propio Jeremmy acaba de responderse a si mismo:

-A eso me refería con auténtica... -Susurra, yendo hacia él y colocándole la bandeja frente al rostro, donde, con cierta difuminación, podrá verse reflejado- Ahora sí, realmente te queda bien -Deja la bandeja junto a él y regresa a por los platos, con aparente normalidad. Interiormente graba esa sonrisa, fotografiándola con su mente para después plasmarla en ese cuaderno de secretos. Le parece una de las cosas más bonitas que jamás ha podido ver, y cree que es algo demasiado hermoso como para poder olvidarlo, pero quiere dejar una prueba latente de que realmente con la ayuda de su lápiz. Así, si Jeremmy lo olvida, podrá enseñárselo y hacerle recordar...

-Toma, espero que te guste -Dice, una vez vuelve con él, entregándole el plato y girándose a abrir la nevera. Medita unos segundos y, finalmente, su elección es una lata de té helado- Yo prefiero dejar vivas las pocas neuronas que tengo, ya me entiendes... -Bromea, volviendo a sonreír, en lo que hace la bandeja a un lado, cogiendo impulso y sentándose a lo indio sobre la fría superficie, junto a él.

Tras eso no añade nada más, solo toma su propio plato y cuchara, llevándose esta última, vacía, a los labios. Da otra vez la impresión de que esta meditando algo, con el frío metal apoyado en silencio y la vista clavada en el techo, abstraída totalmente. Finalmente parte el primer trozo con el cubierto y asiente para si misma, ladeando el rostro para volver a mirar a Jeremmy a los ojos:

-Y dime... ¿Cuánto tiempo llevas sin dormir bien? -Pregunta como si nada, llevándose la cucharada a la boca. Quizá para muchos no tenga sentido haberle preguntado eso, pero no para Níobe, que le había observado tan detenidamente todo el tiempo. En verdad muchas eran las veces que habría deseado preguntarle a Jeremmy cuáles eran esas pesadillas que le hacían preferir pasar las noches en vela. Le gustaría preguntarle si las sábanas de su cama no se le antojan pesadas, afixiantes, y demasiado opresivas, o si el techo de su cuarto ha sido capaz de abstraerle hasta el amanecer. Le gustaría preguntarle si no ha mirado alguna vez al cielo desde la ventana de su habitación, en busca de respuestas escritas en un firmamento inmenso y sobrecogedor. Quién sabe, igual muchas veces han estado mirando la misma estrella sin saberlo, habiendo hecho algo juntos durante horas sin ser ninguno consciente. Demasiadas preguntas y divagaciones, como siempre ha tenido tendencia a hacer con todo lo que le rodea, analizando detalles que para muchos son irrelevantes. Pero no ha formulado ninguna de esas preguntas, pues no han sido pensadas en ese momento. Solo aquella se ha abierto paso en su alocada mente y ha llegado hasta sus labios, sin que ella haya visto motivos para privarse de hacerla.

-¿Te vale con lo que te he puesto o quieres más? -Rompe repentinamente el silencio con esa pregunta, sin importarle que entre la susodicha y la anterior la relación existente sea nula. ¿Por qué no preguntarlo si lo ha pensado? De ahí la naturalidad de algo en apariencia tan simple, por dentro tan complejo, mientras su gris mirada sigue escudriñándole en lo que el bizcocho mengua de tamaño en el plato- No te cortes en pedir... -Añade, tragando en el proceso.
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Sáb Mayo 01, 2010 9:41 pm

Jeremmy prosiguió sentado en la encimera con esa mirada ambarina clavada en ella, para no perderse ni uno de los movimientos que hacía con tal gracilidad. Toda elle era un poco como una hermosa muñeca de esas de una caja de cristal que cuando se abre baila y suena de fondo su pertinente musiquita. El bizcocho tenía una pinta perfecta, y el olorcillo no quedaba atrás. Se relamió el labio inferior mientras ella tomaba los platos y siguió con esa media sonrisa boba en los labios. La lata de Heineken lograría congelarle las yemas de los dedos si no se la cambiaba de mano cada pocos instantes. Carraspeó cuando ella soltó el oh y pareció interesada en acercarse con una bandeja.

Y no una bandeja normal, sino una de plata. Esto logró hacer peligrar la sonrisa, que se borró. Miró el elemento que capturaba su reflejo en el interior de esa bandeja y se vió a sí mismo, serio como de costumbre. No entendía a qué se refería ella. ¿La auténtica qué? ¿La rascada que tenía en la mejilla, la cicatriz en su ceja? El modo en que la bandeja estaba colocada le impedía al chico verle el rostro a ella, pero se la imaginó con esa aniñada sonrisa típica. Bajó un poco la mirada y vió los piececitos descalzos de ella. Eso lo hizo sonreír más. Entonces alzó muy lentamente la mirada hacia la bandeja y lo vió. No, la vió. Su sonrisa. Hacía demasiado que no la sacaba a pasear, y ahora lo podía apreciar.

Analizó cada matiz de ese reflejo hasta que todo se tornó una vorágine borrosa cuando ella la apartó y apareció sonriendo tras la misma. Jeremmy mantenía la sonrisa, agradecido de forma muda. Le hacía gracia darse cuenta de cuanto tiempo había perdido concentrado en sus problemas y tratando de evitar al mundo mientras otra gente había seguido ahí, creciendo y madurando a su par. Ahora se daba cuenta de cuan egoista había sido en no apreciar que los golpes de la vida no solo aporreaban a su puerta. Tanto Céd como Nío siempre habían estado allí. Y aunque esa pequeña rubia solo fuera la hermana de su mejor amigo... no era atrezzo. Era una coprotagonista más en el film llamado La vida de Jeremmy Silverfang.

Tomó el plato que ella le tendió murmurando un - Gracias... - y no pudo evitar mirarle el respingón trasero cuando ella se volvió hacia la nevera para tomar una lata de té helado. Ladeó la cabeza para mirarlo mejor e interiormente silvó adulando que no estaba nada mal. Sacudió la cabeza recordando que si Cédric lo veía haciendo eso alguna vez, se derramaría sangre de Silverfang, y no la de Gabriel precisamente. Sonrió de forma cansada y se apartó un poco para que ella se sentara a su lado. Mantuvo la mirada baja, pero de reojo no dejaba de acecharla de soslayo, disimuladamente. Se veía realmente hermosa cuando pensaba. La verdad es que pensaba demasiado... ¿en qué estará pensando? se preguntó.

La respuesta de ella no se hizo esperar y concluyó que estaba pensando que él, Jeremmy, tenía unas ojeras dignas de un monstruo. Raramente se avergonzaba de su aspecto, y esa vez no iba a ser una excepción. Miró la porción de merienda que tenía en el plato y jugueteó con un trozó como si de un niño pequeño se tratara. Acabó dejando la cuchara a un lado e hizo algo que siempre había hecho y que siempre haría. El pequeño alfa siempre había tendio la manía de pasar el dedo por la superficie de chocolate blanco y llevárselo a los labios para degustarlo de forma traviesa. Lo hizo mientras meditaba la solución a ese enigma.

- Creo que no descanso bien desde que me hice hombre -. Sí. Esa era su mejor respuesta. Y, ahora bien ¿cuándo se hizo hombre? Jeremmy consideraba que se hizó hombre el día en que comprendió que no era quien siempre había creido ser. Desde el día en que se separaron sus padres. Desde que había conocido a Eithne. Desde la escena del claro. Ya eran demasiadas las veces que había intentado empezar a ser un hombre. Y allí estaba ahora, lamiéndose la yema del dedo impregnada en chocolate blanco. Sonrió de nuevo al mirarla y esperó que se quedara satisfecha con esa respuesta del mismo modo que él lo estaba con esa porción de bizcocho. - Así está perfecto, Níobe. - Asintió a modo de agradecimiento y, ahora sí, se llevó un buen pedazo a la boca, usando los dedos. - ¡Mmmmm! ¡Deflifiofo! - Trató de decir sin escupir, con los labios manchados.

A tu lado hoy quiero el niño de antes,
¡Juguemos, manchémonos, riamos como ayer!
Acabemos con la madurez que nos envenena las mentes
Porque hoy, a tu lado, de nuevo ese niño quiero ser.

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Níobe Targaryen
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Sáb Mayo 01, 2010 10:44 pm

-No hay de qué, es demasiado grande como para comérmelo sola...-Responde, masticando otro pequeño trozo de su porción- Y él no va a volver hoy -Añade, refiriéndose claramente a Cédric, cuya compañía se verá sustituída por la de un libro y... Su soledad. Algo de lo que intenta ver el lado positivo, incluso tomándoselo con humor como se puede ver cuando vuelve a hablar- Así que esta noche tengo una cita con William Shakespeare y el sofá, ya ves... -Se encoge de hombros, con ligereza, sin cesar de comer- Espero que me guardes el secreto, o es capaz de ir hasta Inglaterra a profanar la tumba del bueno de Will -Bromea, sin dejar de sonreír en ningún momento.

Realmente sonríe porque por dentro se está riendo de su propia absurdez y desgracia, algo que encuentra incluso divertido. Para todo el mundo ella es feliz, quizá algo distraída o ausente, cosa que erróneamente relacionan con un carácter soñador e infantil, pero es feliz después de todo. Y la verdad, es que no hay nada más lejano a la realidad que eso... Esa apariencia risueña no es sino el bonito envoltorio que la protege de los sentimientos más dañinos. Interiormente, tras esa hermosa cobertura de pétalos de rosa, Níobe se marchita poco a poco como una de estas ante la llegada inevitable del crudo invierno. Y por absurdo que suene, es por eso que sonríe de forma tan natural y sincera, porque cree que ante la tristeza es hermoso sonreír, que forma parte de las almas y debe ser aceptada como compañera casi tanto como se acepta a la dicha. Sonríe a sus problemas y a sus preocupaciones. Sonríe a su soledad, implícita en el significado oculto de su anterior broma... Y es que, aunque tenga a Cédric, realmente la mayoría de las veces siente que entre ella y su hermano se arremolina tal tensión que les vuelve desconocidos. Es más, siente que está fallando una promesa hecha años atrás al no lograr llegar hasta él y hacerse oír por encima de esa coraza violenta que su hermano parece llevar puesta con falso orgullo. Pero nada de eso borrará su incansable sonrisa, porque eso significa rendirse... Y un Targaryen, decía su padre, nunca se rinde.

Sale de ese ensimismamiento ante las palabras de él, pero lejos de volver a hablar de inmediato, lo que hace es sumirse en otro al meditar el mensaje que iba implícito en estas. De nuevo se queda pensativa, jugueteando con la cuchara llena de chocolate en los labios, ahora con el semblante serio. Frunce un poco el ceño unos segundos, y fija su mirada gris en la inmensidad de la cocina, desenfocándola, como si su mente hubiera decidido volar lejos de aquella estancia... Y, como suele ser habitual, al final de ese silencio asiente para si misma. Aparta la cuchara, devolviéndola al plato, y se relame los labios buscando quitar cualquier resto, en lo que ladea de nuevo el rostro hacia Jeremmy:

-¿Y cuándo fue que te hiciste hombre? -Pregunta, ignorando -o quizá siendo consciente, quién sabe- que Jeremmy le está dando vueltas a esa misma cuestión. Realmente ella cree que solo será un hombre cuando deje de importarle si ya lo es o no, algo que piensa que el Alfa Junior tiene en común con su hermano, no por nada son mejores amigos. Sin embargo no se lo dice, no es tarea suya verle hacer algo así y, sobretodo, no quiere estropearlo. Muchas veces le habría gustado acercarse a él, aunque solo fuese para dar pie a una amistad que vaya más allá de ser "la hermana de", al margen de cualquier platónico sentimiento arrastrado desde su infancia y desarrollado en las páginas de su diario. Y ahora que parece haber conseguido algo con lo que ya no contaba, que es poder al menos hablar con él sin que su hermano le impida expresar cualquier cosa que se le pase por la cabeza, lo último que quiere es perder esa oportunidad. Sin embargo siempre puede encontrar un modo de decir lo mismo con otras palabras, y cree haberlo hecho- Tanta prisa por envejecer rápido... ¿Por qué? Deberías vivir más, ¿sabes? Si vives, te cansas, si te cansas... Descansas -Vuelve a encogerse de hombros, con su característica gracilidad, y se limita a observarle.

Y lo que observa le conmueve. Para muchos sería un gesto despreocupado, o grosero, o simplemente gracioso, ver como el hecho y derecho lobo que es Jeremmy coge el chocolate de un bizcocho con el dedo y se lo lleva a los labios para repetir lo mismo con un enorme trozo. Pero para ella no es ninguna de esas cosas... Sino tremendamente sobrecogedor. Porque le hace entender algo: que él pone todo su empeño en mostrarse hombre a ojos del mundo y, sin embargo, por dentro y sin saberlo, está pidiendo a gritos que alguien saque a la luz al niño que hay en él y le haga libre. Comprende entonces que mientras lucha porque le tengan respeto y le tomen como el lobo maduro que quiere ser, sigue siendo un cachorro tan perdido como ella misma... Y eso le conmueve. Así, conmovida, es como de nuevo sonríe, escuchándole hablar con la boca llena y viendo sus labios manchados:

-Gracias por el cumplido sobre mis dotes culinarias... -Podría hacer ahora muchas cosas que, cualquier otra mujer en su lugar, haría. Sería tentador estirar una de sus manos y limpiarle con los dedos para después lamer y degustar el sabor del chocolate mezclado con el aliento de Jeremmy. Sería tentador incluso hacerlo con su propia lengua, aunque esta segunda opción a ella ni se le pasa por la cabeza. Y, además, la primera la deshecha por un pudor superior a ella aún. De todas formas, no habría sido ella misma si le diese alguna intención a un gesto así... Y no ser ella, cambiaría muchas cosas, quizá para peor. Por eso su reacción inmediata es estirar el brazo hacia el rollo de las servilletas de papel y arrancar una, acercándosela con cierto rubor en las mejillas a él- ...Pero te has manchado entero.

Tarda unos segundos en decir nada más, aún con la mano de la servilleta acercada a él, mirándole fijamente con sus grandes ojos, demasiado nublados como para dejar ver su brillo soñador. Una vez más parece pensativa, solo que ahora no se abstrae con la estancia, sino con los irises ambarinos de Jeremmy, perdiéndose en silencio en estos en lo que su cabeza da vueltas a algo. Y parece llegar a una conclusión cuando, sin dejar de mirarle, vuelve a hablar:

-Dísculpame por el despiste, pero creo que no te he hecho aún la pregunta más importante de todas... -Dice, armada de un valor digno de su padre- Así que dime... -Seguramente se esperase cualquier cuestión comprometida y, sin embargo, la que hace es en apariencia simple... Pero solo en apariencia- ¿Cómo estás?
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Dom Mayo 02, 2010 12:04 am

Echaba en falta algo de música de fondo, pero no lo comentó ya que Níobe se encargó de despistarlo haciendo un parcial pronóstico de lo que sería esa tarde-noche para ella. Todo muy visual. Gracias a esa elaborada explicación, Jeremmy pudo imaginarse a esa rubia tirada en el sofá leyendo bajo la luz de la lámpara, enfrascada en la lectura para vivir en sus carnes el sentimiento de dramatismo romántico reflejado en las novelas del difunto escritor inglés. Se dispuso a comentar algo, pero esta vez se guardó de tragar antes de escupir al hablar. - Si quieres puedo quedarme a hacerte compañía... Ehm... así de paso cotilleo el cuarto de Céd... que me debe diez pavos - Argumentó, añadiendo esa coletilla al final para que no quedase en plan 'Quiero pasar la noche contigo'. Conociéndola al igual se alarmaba.

Dió otro mordisco al sabroso bizcocho mientras ella seguía hablando, y él, escuchando a la par. Que cuándo se hizo hombre... Menuda pregunta. En su cabeza sonaba convincente la explicación, pero dudaba que ella se diera por satisfecha con esos mismos argumentos, por lo que deshechó rapidamente la idea de soltarle el mismo discursito. Tragó de nuevo, dejando bailar la nuez en su garganta, y respondió. - Yo diría que me hice hombre... cuando conocí a una mujer. - No sabía qué más decirle. Así que se encogió de hombros y puso todo su empeño en que esa sonrisa no se borrara de su rostro, ni del de ella, claro. - Pero no me apetece hablar del tema, ¿vale? - Aclaró para que no insistiera. Los problemas de raíz se cortaban, o eso dijeron Gabriel y Eithne.

De un modo inevitable, su mirada se ensombreció ligeramente. Pero no por mucho tiempo, luego Níobe se encargó de echar a la mujer de sus noches húmedas y a su padre de su mente con un simple movimiento de mano. Pudo sentir la servilleta acariciándole los morros y las mejillas cubiertas por un poco de barba que lo hacían más hombre. Una sonrisa volvió a hacer acto de presencia y Jeremmy recuperó el brillo en esa mirada ambarina que se asemejaba a un lingote de oro al que le acaban de sacar brillo. ¿Le estaba Níobe sacando brillo a su ofuscado corazón y a su maltratada mente? Si ella se perdió en sus ojos dorados, él se perdió en el infinito mar en calma que reflejaban los dos luceros que la rubia tenía por mirada.

Y llegó la pregunta clave. ¿Cómo estaba? No se movió para que la servilleta siguiera en contacto con su labio inferior. El extremo derecho de los labios yacía curvado hacia arriba, formando una media sonrisa de envidiable belleza. Jeremmy sonreía muy pocas veces con el corazón, pero cuando lo hacía, lo hacía bien. - Pues estoy... sentado en una encimera de mármol - Siseó sin moverse pero deslizando sus orbes ambarinos hasta la zona en la que las piernas de ella entraban en contacto con la fría piedra pulida. - Con un delicioso bizcocho en el estómago - Prosiguió ahora mirando el plato semivacío de ella, y, posteriormente, su plano vientre oculto bajo el camisón, justo a la altura de la Minnie Mouse.

- Y con una hermosa mujerzuela a mi lado - Puntualizó mirándola ahora a los ojos con ese brillo alegre que tan pocas veces lucía. - ¿Qué más puedo pedir, no? - Finalizó alzando una ceja y rozando su labio inferior con la servilleta, para limpiarse. Le aguantó la mirada y retiró un poco el rostro para que ella bajara la mano si lo creía preciso. El silencio volvió a adueñarse de la escena, pero al menos a Jeremmy no pareció importarle en exceso. De nuevo, faltaba una buena música de fondo.

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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Dom Mayo 02, 2010 2:10 am

Durante unos instantes, cierto brillo parece acudir a sus ojos grises cuando él ofrece quedarse, pero es fugaz, efímero y pasajero, desapareciendo cuando añade el comentario final. Aún con eso, interiormente no puede evitar que un ligero nerviosismo la remueva: pese a que fuese por cogerle del cajón a Cédric el dinero que le debía, Jeremmy iba a quedarse. Bueno, si ella aceptaba, claro... ¿Debía? Se muerde el labio inferior al formularse esa pregunta, y entonces, mirándole, se da cuenta que debe. Jeremmy no lo sabe, seguro, pero Níobe está convencida de que ha venido buscándola. Es decir, buscando alguien que le escuche, por más que él se autoconvenza de que no quiere ni merece ser escuchado. Mientras medita sobre aquello, su plato queda vacío salvo por unas migas, y ella lo hace a un lado con un movimiento de mano, deja sobre este la cuchara y vuelve a romper ese envolvente silencio:

-La verdad, cuando llegaste pensé que era para llevarte a mi hermano a alguna alocada fiesta nocturna -Es decir, que pensaba que Jeremmy Silverfang practicaba el Carpe Noctem y se movía en un ambiente de alcohol, tías y desenfreno, para evadirse de su realidad- Pero dado que no parece ser así, puedes quedarte... Aunque tendremos que pensar qué hacer, porque dejar nuestros traseros marcados en el mármol de esta silenciosa cocina no es un plan muy entretenido, ¿no? -Está claro que no va a ponerse a leer mientras Jeremmy la mira, duda que eso le resulte divertido a él, y por eso divaga sobre posibles opciones hasta encontrar una- ¡Oh, ya sé! Mira, si se lo dices a Cédric, te juro que te mataré, pero te contaré un secreto... -Advierte, tras su exclamación- Él no lo sabe, pero tengo en mi cuarto una copia de las llaves de toda la casa, incluyendo su habitación y el sótano en el que montáis "verbenas" -Explica, pues Jeremmy ya debe saber que Ced le suele prohibir a ella bajar sin su invitación a esa sala, que utiliza para sus fiestas particulares y en la que tiene montado todo un mini garito- Podemos subir a mi habitación a que las coja, abrir la de mi hermano para que pilles tus diez pavos, y de paso robarle un par de CD's para ir al sótano y ponerlos... -No se le ocurre nada más interesante, salvo ver una película pero... Con la televisión captando la atención, hablar no es tan factible. Con música sí, y en aquella estancia no hay un ambiente propicio para ello, aunque realmente no esté pendiente de que ambiente hay en esos momentos.

Él contesta a aquella pregunta, cuándo se hizo hombre, y, cómo Níobe esperaba, lo hace de forma tajante, evasiva, y sin entrar en detalles. Una mujer... Curiosamente, ella siempre se ha imaginado a Jeremmy al lado de una mujer explosiva, portentosa y con un carisma impactante, tres virtudes de las que ella carece. No sabe si la chica a la que vio en aquella fatídica reunión intentando atentar contra su vida -un comportamiento que reproba por lo cobarde pero admira por lo altruista, dado lo contradictoria que es a la hora de juzgar- es esa mujer de la que él habla -o mejor dicho, la mujer- y tampoco va a ahondar demasiado en saberlo. No tras escucharle sonar tan determinante, puesto que, de nuevo, no quiere estropearlo... Pero hay algo que sí sabe y prefiere no callarse:

-Mi experiencia en esos temas brilla por una sola cosa: su ausencia -Algo que él debe imaginarse, seguro- Así que puedes estar tranquilo, porque no puedo hablar al respecto... Sin embargo, me permitiré el atrevimiento de decir una cosa -La única de la que está totalmente segura- Si no te quiso, es que sencillamente no te supo ver... Y si no supo ver a alguien como tú, pues... -Deja la frase inconclusa, creyéndolo obvio pero viendo poco procedente recalcarlo. Tampoco explica a que se refiere con verle, es algo que tiene tan claro que supone que él lo tendrá. Sencillamente zanja el tema cuando, en silencio y con afanosa lentitud, comienza a limpiarle los restos de bizcocho, tarea que casi parece que él le facilite. Inicia su recorrido por el labio inferior, delineándolo en esa media sonrisa que no le pasa desapercibida, y asciende, limpiando el superior en dirección a su mejilla izquierda, ensombrecida por esa fina barba. La acaricia con ese trozo de papel, para guiarla a su mentón y, tras quitar de ahí cualquier resto, llevarla a la mejilla contraria, concluyendo ese viaje en la comisura derecha de los labios de Jeremmy. Todo aquello despacio, como si tratase de una complejísima tarea, para finalmente tirar la servilleta a un lado y, con ello, apartar la mano, sin dejar de observarle.

-Lo has vuelto a hacer -Dice con voz alegre, refiriéndose al hecho de que haya sonreído- Es una pena que le prives al mundo de ver algo tan bonito, ¿sabes? -Suelta sin premeditación, dejando implícito bastante en esa frase en apariencia meramente aduladora- ¿Por qué sonríes tan poco? -No se da cuenta de que ha hecho esa pregunta hasta que ya está dicha, de nuevo habiendo expulsado las palabras tal cual han venido a la cabeza. Y es entonces cuando piensa que igual no le sienta bien, pero... Ya está hecho, no va a disculparse.

Llega su respuesta a la pregunta clave, y Níobe no puede evitar ruborizarse ante la última parte de esta y frente al hecho de que la haya mirado; sus mejillas, salpicadas por desordenadas pecas, adquieren un leve rubor que no sabe controlar... Y, sin embargo, no es la contestación que buscaba, la pregunta no ha sido entendida, al menos no a su parecer. Niega lentamente con la cabeza, sin romper el contacto visual con unos ojos cuyo brillo se contagia a los suyos. Lo sabe, y de nuevo se pierde en ellos, meditando, reordenando... Y, finalmente, llega a a la amarga conclusión de que Jeremmy no sabe realmente cómo está. Deja escapar un largo suspiro y, con eso, se pronuncia:

-No he preguntado por las circunstancias y ambiente que te rodean... Te he preguntando por ti, por cómo estás -Dice con voz susurrada, recalcando esa última palabra- Cómo te sientes, cómo te encuentras, cómo te va... -Enumera, aún en susurros. Desde el claro no le ha vuelto a ver, y duda que esté tan bien como intenta aparentar, y eso que no aparenta muy allá en su opinión... Por eso, sin separar en ningún momento su gris mirada de aquellos irises dorados, vuelve a repetir la pregunta- ¿Cómo estás, Jeremmy?
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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Dom Mayo 02, 2010 1:33 pm

Como solía pasar, todo ocurrió demasiado deprisa como para que Jeremmy siguiera ese ajetreado ritmo de la escena. Siguió con la mirada posada en los grisáceos ojos de ella, donde de vez en cuando lograba ver destellos celestes. Escuchó todo lo que ella tuvo que decirle mientras se mantenía tan mudo como una hermosa estatua de Rodin. Como El Pensador de Rodin. Justamente en esa posición se quedó mientras ella seguía hablando de posibles planes para pasar la noche juntos, o al menos el inicio de la misma. Asintió un par de veces, escondiendo que le parecía un plan sublime el de mangonear los diez pavos y encerrárse en el sótano a escuchar música y tomar alguna amiga verde más. - Me parece un buen plan - Afirmó en un distraído susurro justo antes de que ella retomara el diálogo sobre su salto de la niñez a la hombría.

Seguía mirándola serenamente a los ojos, pero retiró la mirada para posarla en dirección a la puerta, como si esperara que de un momento a otro apareciera Cédric y echara a perder de malas maneras esa amistosa conversación. Cuando ella soltó lo de que esa mujer -fuera quien fuera- no había sabido ver lo que había en él, Jeremmy no mostró sorprenderse, apenas parpadeó. Se limitó a seguir como si nada, aunque en su interior le reconcomían las dudas. ¿Qué había querido decir con eso? ¿Cabía la posibilidad de que Níobe, hermana de Céd, viera algo especial en él? Noh, se respondió a sí misma y sonrió de forma incrédula. Seguro que lo hacía para levantarle el ánimo, pensó. Y, de nuevo, llegó la tercera entrega del capítulo llamado ¿Cómo estás, Jers?

Siempre había sabido que Níobe era de esas personas curiosas que querían saber cada detalle, por pequeño que fuera, de todo cuanto le rodeaba. Y parte de ese todo era precisamente Jeremmy Silverfang, una persona a la que no gustaba del todo el hecho de romper ese muro tras el cual se ocultaba en su más verdadera esencia. No le gustaba hablar de sus sentimientos, ni de sus sensaciones, porque justamente eso eran: suyas. No todo el mundo tenía el derecho de oirlo hablar de esos temas las pocas veces que lo hacía. Era un derecho que había que ganarse con muchos años de no hacer preguntas comprometidas, ni forzarlo a hablar de lo que no le gustaba. Níobe insistía en saber cómo estaba. Cómo se sentía. Cómo pensaba. ¿Porqué? Se preguntaba él.

Evidentemente que desde un tierno incio había deducido que la respuesta que él había dado no era la que ella esperaba, y lo había hecho a drede. Odiaba tener que expresar tales cosas. Y además, se le daban fatal. Alguna vez había presenciado a Níobe tratando de hacer ese tipo de terapias con Céd y, si la vierais, era insaciable. Níobe Targaryen era distinta. Su corazón no latía solamente sangre. Latía preguntas, interrogantes, enigmas y ganas de saber. Tal vez demasiadas a los ojos de alguien que era capaz de cerrarse en banda con tal de no darse a conocer y no ver la realidad que se alzaba, día sí día tambien, delante de sus narices.

Frunció el ceño ligeramente y susurró un apenas audible - Estoy bien en la medida de lo posible, ¿vale? - Buscó esos preciosos ojos color asfalto y le sonrió con naturalidad, no quería preocuparla. Queria darle a entender que él no encontraba necesario darle más vueltas al asunto, o volvería a darse cuenta de cuan desdichado era y querría arrancarse el corazón del pecho para que Níobe hiciera un bizcocho con él para que toda la manada se lo comiera y dijera Mmm, rico rico. De un salto bajó de la encimera y recogió los platos de ambos, los dejó en el fregadero y volvió, pasándose una mano por la barba con tal de sacudir las migajas que pudieran quedar adheridas a la misma.

¿Por qué sonreía tan poco? Eso le había preguntado la rubia instantes antes de decir otra vez lo de cómo estaba. Ahora él la tomó de una mano y la obligó de buenas maneras y sin brusquedad alguna a seguirlo por los pasillos, en dirección al cuarto de ella. - No lo sé, pero puedo asegurarte que si pasara más rato contigo acabaría por acostumbrarme a hacerlo. - Murmuró parándose en la puerta de la habitación que, según recordaba, era la de ella. No quiso entrar, ya había hecho el intento de violar su intimidad por hoy al casi leer su cuaderno. Aguardó apoyado en el marco de la puerta, mirándola de reojo. Diantes... era hermosa. - Ya hemos hablado suficiente de mí por hoy. Coge las llaves y vamos a malgastar una noche, pequeña - Dijo con esa sonrisa que intentaba parecer graciosa, pero sin ofenderla por ello.

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MensajeTema: Re: Secretos escritos (Jeremmy)   Dom Mayo 02, 2010 5:01 pm

De nuevo sonríe cuando él acepta el plan que propone, mientras que por dentro intenta relajarse porque, sencillamente, no ha pasado nunca una noche en casa con otra compañía que no fuese su hermano bebiendo en el sofá o jugando consigo mismo al billar. Se le antoja extraño no tener que ser ella la que salga de ese lugar para ir a ver a gente con la que Ced jamás querría verla relacionarse. Sin embargo, se guarda todos esos pensamientos para si misma, asintiendo a sus palabras. Era un buen plan y eso, junto al hecho de que fuese él, le parecían lo realmente importante.

"Estoy bien en la medida de lo posible, ¿vale?". Esa es la respuesta que Níobe obtiene mientras Jeremmy busca sus ojos grises. No tiene reparo alguno en devolverle la mirada, guardando silencio largo rato y dando a entender que está meditando acerca de esa respuesta. Suspira de nuevo y niega con la cabeza, con otro de sus habituales encogimientos de hombros realizándose al hacerlo:

-Eso significa que realmente no estás bien... -Apunta, balanceando las piernas cruzadas- No importa, no necesito que me digas como estás para poder saberlo... -Porque lo sabe, o cree que así es- Únicamente necesitaba que tú lo supieras, y para eso tampoco tienes que decírmelo -No, para eso bastaba con hacerle pensar en ello, y ese es un objetivo conseguido- No te daré más la lata con eso -Asegura sonriente, sin mostrarse ofendida o molesta, simplemente comprendiendo y aceptando que se muestre reacio a expresarse... Porque expresar a veces duele, y seguramente a Jeremmy le doliera mucho más. Podría decirle muchas cosas, como que liberar el dolor te hace sentirlo con fuerza, sí, pero también es el primer paso para sanarlo... Sin embargo no lo hace, una vez más por no querer estropearlo y por respeto hacia su postura- Yo sí lo sé... -Murmura para si misma ante lo de la sonrisa, antes de volver a alzar un poco la voz- Bueno, eso tiene fácil solución... Sabes perfectamente donde encontrarme -Donde siempre ha estado, vaya, y no cree que llegue a moverse mucho, tal y como están las cosas con su hermano.

Su mirada color niebla sigue la trayctoria de Jeremmy bajando de la encimera y colocando los platos en el fregadero, antes de volver hasta ella. Agarra su mano para poder bajar, cosa que hace de un salto, sin poder evitar sentir cierto hormigueo recorrerla, teniendo su origen en el vientre, ante ese pequeño contacto por lo demás irrelevante. No le da demasiadas vueltas, solo le sigue escaleras arriba hasta la puerta de su habitación, que abre para encontrarse con un campo de batalla en toda regla. La cama, aunque hecha, está llena de folios desordenados junto a una guitarra, prueba de que ha estado intentando componer algo, dado que ese no es el instrumento que sabe tocar con maestría ni mucho menos; el escritorio tiene esparcidos lapiceros, libros, discos, y diversos objetos entremezclados... Únicamente suelo y estantes parecen salvarse de ese pequeño caos que choca tanto con su tendencia ordenadora.

-Puedes entrar, si quieres, la puerta se sujeta sola -Dice girándose hacia él unos segundos, antes de darle la espalda. Gracias a su altura, pues los genes son los genes, no necesita ponerse de puntillas para abrir el armarito de encima de la cama, buscando en su interior. Lo primero que saca es su segunda posesión más preciada después de ese diario: el violín, el instrumento que sí que toca con pericia, pues la guitarra no es sino un apoyo autodidacta a la hora de dejar fluir cierta creatividad, sin embargo, el instrumento que sostienen sus manos es... Es su mayor vía de comunicación, es su forma de expresión más emotiva, y además puede ser pública y no tiene que esconderla como con las páginas. Níobe no hacía sonar ese instrumento solo con los dedos, no, era su propia alma la que rasgaba cada cuerda y su corazón quien encontraba cada nota, aunque pocos supieran verlo...Con delicadeza lo deja encima de la cama, para rebuscar del todo en el interior de ese pequeño armario

- Aquí están -Comenta, volviendo a mirar hacia Jeremmy y mostrando las llaves, que le lanza para que coja al vuelo. Tras ese hallazgo, se dispone a guardar de nuevo el enfundado instrumento, aunque antes de ello se abstrae observándolo un par de segundos. Aquel no es momento de tocar, o eso cree, por lo que parpadea, volviendo en sí, y colocando con delicadeza el violín dentro del armario, cerrando sus puertas- Bueno, ahora a la siguiente parada... -Anuncia girándose del todo, una vez más, sonriente.
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Secretos escritos (Jeremmy)
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