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 Confesiones (Gabriel)

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Eithne Karenina
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MensajeTema: Confesiones (Gabriel)   Jue Abr 29, 2010 2:19 pm

Tras la fatídica reunión, pasó un día entero durmiendo, sumida en un sueño pesado pero reparador. Cuando despertó, iluminada por la tenue luz de un ático que reconoció como el "suyo", creyó que todo lo acontecido en el claro no había sido sino un tortuoso sueño. El punzante dolor de su muñeca destrozó esa hipótesis, haciendo que descubriera el torniquete que evidenciaba que todo había sido real. Y eso le hizo volver a sentir el peso de la culpa caer encima suyo, como una losa, adueñándose de nuevo de su mente aún atontada por el sopor.

Un par de días han pasado desde entonces, y durante el transcurso de los misma ha comido (obligada, por supuesto) y ha vuelto a dormir la mayor parte del día, sin salir de la cama salvo para ir al baño. Con muda sumisión, ha aceptado toda esa preocupación exagerada que Gabriel ha mostrado por su estado, sin pronunciarse en ningún momento, aumentando la tensión entre ambos al haber dado pie a un constante silencio. Sencillamente, no sabe cómo narices empezar ni qué decir exactamente... Cada vez que sus irises azules y los de él, ambarinos y perfectos, se cruzan en un duelo de miradas eterno, se queda sin palabras que le sirvan para expresar la culpa. Es como si la voluntad que en el tiempo que pasa a solas con la almohada logra reunir, se esfumase ante su imponente presencia.

Y hoy tampoco parece una excepción, parece, en lo que ella permanece aún con los ojos cerrados y aovillada de costado. Sigue sintiéndose demasiado minúscula e insignificante ante él, y eso le frena demasiado a la hora de atreverse a iniciar una conversación que ambos necesitan... De hecho, es incapaz de tocar el tema, hasta mencionarlo le cuesta. Ni si quiera Nik, que a estas horas debe estar durmiendo en el piso de abajo, ha logrado sacarle una sola palabra al respecto a la pelirroja, y ya es decir.

Eithne suspira, incorporándose en la cama, que empieza a antojársele afixiante, y se lleva las manos al rostro, enterrando este en las palmas y frotándose las sienes con la yema de los dedos. Tiene que hacerlo, tiene que lograr decir una sola frase, y después dejar que todo fluya... Sí, tan solo tres palabras:


-Tenemos que hablar... -Susurra, sin saber si quiera si él está ahí y le oirá, puesto que no ha mirado a su alrededor, solo sigue ocultando el semblante, buscando de ese modo un poco de agallas.

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Gabriel Silverfang
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MensajeTema: Re: Confesiones (Gabriel)   Jue Abr 29, 2010 3:22 pm

Caos… eso era con lo que soñaba cada noche desde la reunión, sudor frío recorría mi piel despertándome en plena noche con aquellas pesadillas, el recuerdo de todo lo sucedido regresaba una vez más a mi mente. Lo ocurrido con Liah, la aparición de Jeremmy, el intento de suicidio de Eith…Aquello me atormentaba superando con creces a la visión de aquel Vladimir, del cual en un futuro cercano me encargaría con mis propias manos, de eso estaba seguro…

Los días pasaban lentos y tensos desde el regreso del bosque. Me había volcado en los cuidados de Eithne, en su recuperación total, aunque nuestras conversaciones no eran todo lo trascendentes simplemente comprobando su estado tanto físico como anímico, el cual no era demasiado bueno al igual que el mío. Si la tensión fuera u hilo que fuera de uno a otro, lo cortaría con las tijeras de la palabra.

La rutina había regresado a mi vida, como hacía tiempo que no pasaba, solo que ahora no pasaba solo aquella rutina la compartía con Eith y con el nervioso Nik que es quien en algún momento me hacía desvanecer cualquier mal pensamiento cualquier mal recuerda, pero aquellos momentos eran ciertamente mínimos, asemejándose a mi idea el revivir lo ocurrido con Jeremmy en su día… el cómo poco a poco el liderazgo me consumió y su odio me cubrió sin posibilidad a recuperar nada…

Segundos, minutos, horas, días… Los contaba inconscientemente, y fueron dos días con sus dos noches lo que habían pasado desde aquel caos. En aquellos días había salido en un par de ocasiones, una solo para pasear y de camino comprar comida y otra para encontrarme y retomar la amistad férrea con Tyler, mi eterna diestra. Eith pasaba la mayor parte del tiempo en cama, por las noches dormía, pero con miedo a aquellas pesadillas, en cuanto me desvelaba paseaba por la habitación o simplemente me sentaba en el ventanal a fumar mientras esperaba que el amanecer llegase, vigilando el cómo Eith dormía.

Aquella no era otra noche distinta, me había despertado empapado en sudor con aquella imagen, Eith sangrando entre mis brazos viendo el cómo se iba…pero no regresaba. Mis ojos fijos en la noche, un cigarro que se consumía lentamente ante mis caladas, un suspiro que la brisa nocturna arrebató para llevárselo. Desvié la mirada hacia la cama donde descansaba Eithne, viendo el cómo se incorporaba y antes de que pudiera preguntar qué pasaba ella habló “Tenemos que hablar”. En mi silencio di una calada al cigarro gesto que pretendía significar, “lo sé”. De manera lenta expulsé el humo hacia el exterior, eran tantas las preguntas, tantos los porqué que quería pronunciar… pero en cierto modo, no podía obligarla a hablar, a fin de cuentas yo fui el primero en ocultar muchas cosas, que dio pie a mas revelaciones de mi vida, tardía, como todas mis reacciones.

Notaba la presión más que nunca del liderazgo de la manada con todo lo acontecido, tenía que pensar, tenía que desvelar que me deparaba el futuro, tenía que desvelar que nos deparaba el futuro…

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Eithne Karenina
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MensajeTema: Re: Confesiones (Gabriel)   Jue Abr 29, 2010 4:50 pm

La ausencia de una respuesta verbal no hace sino acobardarla más. Aparta ambas manos del rostro, lo justo para dejar libres sus ojos azules, y siente incluso vergüenza de mirar fijamente a Gabriel, algo que hasta ahora nunca había sucedido. ¿Acaso no quiere escucharla? ¿Está enfadado con ella? Motivos tiene de sobra... Y eso le aterra. Pánico, eso es lo que siente golpearla en el pecho cuando la única contestación que sale de los labios de él es el humo de su cigarro. ¿Qué hará ella sin él? Es una pregunta que duele al ser formulada... ¿Volvería a su antiguo modo de vida, como si nada? No, no podría, no por tener que regresar a las andadas, sino porque es incapaz de concebir su futuro sin volver a ver esos dos ámbares que Gabriel tiene por ojos nunca más.

Y, sin embargo, parece haber enmudecido de nuevo. Sigue ahí, con la desgastada sábana cubriéndola a medias y su ígnea cabellera cayendo revuelta y en cascada hasta el comienzo de su cintura. La única prenda que lleva puesta es una camiseta de tirantes de un oscuro morado y la ropa interior, negra, bajo esta. Y sin embargo no es por eso por lo que siente frío, sino porque se da cuenta de que un muro parece ir forjándose entre ambos, y no quiere que el susodicho se consolide, no puede permitirlo... Morirá antes de que sea así, lo sabe. Cierra los ojos, pensando, buscando una respuesta, y manteniendo el incómodo silencio largo rato.

Cuanto más callan, más parecen distanciarse, haciendo que aumente la longitud de ese fino hilo invisible que es la tensión, un hilo que tira de cada uno hacia un lado, separándoles. Ese es el pensamiento que acude a su cabeza en forma de contestación, o mejor dicho, el pensamiento de que ese hilo debe ser cortado si no quiere alejar a Gabriel para siempre. Y es de ahí de donde logra sacar el valor para hacer algo que casi nunca ha tenido que hacer: sincerarse. No le merece -o eso cree ella- pero igualmente no va a ser tan estúpida de perderle adrede si, ni aún mereciéndolo, él la ha elegido por razones que aún le resultan desconocidas e incomprensibles. No, no va a hacerle más daño, pues sabe que ocultando tantas cosas lo ha hecho. No quiere hacer que esa muralla aumente gracias a ladrillos de secretos superpuestos, y está dispuesta a golpearla y derribarla con tal de llegar hasta él.... Y por eso abre los ojos, mirándole. Carraspea, una sola vez, llamando su atención. Traga saliva y ruega interiormente por no perder la voluntad y fuerzas necesarias para lo que va a hacer. No se mueve de la cama, acercarse requiere más valor del que ahora tiene, y ese poco que ha reunido debe emplearlo en hablar en lugar de intentar atreverse a superar un posible rechazo. Así que, aún sentada sobre el viejo colchón, comienza a hablarle:


-Nunca se me ha dado bien hablar de mí -Empieza, diciendo algo que ya es obvio- Se me da bien escuchar a otros porque he llegado a conocer a hombres tan desesperados como para pagar solo por eso... Pero nadie paga porque le hables, sin embargo. Y de hecho, pocas han sido las ocasiones en las que he tenido que sincerarme con alguien, ya que ni si quiera he visto necesario que se me escuche... ¿Para qué? Realmente no soy importante, y nada de lo que me pase puede serlo, o eso he creído siempre. Me avergüenzo de mi misma y de mis propios secretos, y por eso mismo siguen siendo lo que son, secretos, -No sabe si es un buen comienzo ni si se está explicando bien, pero lo hace como puede, como le sale, sin pensarlo demasiado para evitar acobardarse- Y te pido disculpas, porque contigo no debí guardármelos, pero... Por mucho que me digas lo contrario, yo sigo sin verme merecedora de que alguien como tú malgaste su tiempo en mí, sigo creyendo que no valgo la pena y sigo viéndote demasiado grande en comparación a mí, que soy minúscula e insignificante en todos los sentidos... -Algo que sabe que le molestará oír, pero se lo dice- Sigo sin entender que coño has visto en mí, pero, dado que soy una egoísta de mierda, sigo cagándome de miedo al barajar la idea de que algún día te des cuenta de que tengo razón en todo esto y decidas marcharte, algo que entenderé pero que me destrozará. También sigo sin saber qué narices se supone que tenemos, y aún así he sido incapaz de preguntártelo nunca por mucho que me rayase, por lo mismo de antes: no te merezco y, por tanto, no merezco que me des explicaciones ni tengo derecho a exigírtelas... -Suspira, apartándose un par de mechones del rostro, aún mirándole fijamente- Sea como sea ha llegado el momento de que sepas la verdad sobre mí... Y si una vez la conozcas decides largarte, créeme que no te culparé por ello.

Se queda unos segundos en silencio, como dándole pie a que digiera todo aquello y asuma que lo que le va a contar no va a gustarle en absoluto. Interiormente está acojonada, no hay otra forma de decirlo que se ajuste mejor. Sabe que con lo que va a hacer se arriesga en sumo grado a que esta sea la última vez que tenga a Gabriel Silverfang cerca de ella, la última ocasión en la que azul y ámbar se junten en una mirada, la última vez en la que sienta un lleno en el pecho solo con su presencia. Es por eso que parece estar retratándole con su mirada, por entero, especialmente sus ojos, para guardar su imagen en un recuerdo que nadie pueda borrar. Y una vez cree que no ha dejado detalle alguno por memorizar carraspea de nuevo, avisándole de que va a seguir.

Despacio, temerosa de hacerlo, Eithne ladea el cuello, apartándose parte de su cabello del mismo... En un principio parece que, por alguna razón disparatada, esté mostrándole respeto con un saludo típico, pero luego gira también el cuerpo dejando su nuca visible para él. Señala esta con los dedos, bordeando esa marca grabada a hierro candente que conforma una cicatriz en forma de cifras. Permanece inmóvil unos instantes, para que él pueda verla bien, y tras eso deja que su melena de sangre y fuego caiga, ocultando la "prueba del delito", y se gira de nuevo hacia él, quedando cara a cara. No le da tiempo a preguntar porque, enseguida, vuelve a renaudar su particular confesión:


-Apenas recuerdo a mis padres, no sé ni como se llamaban ya que, por no saber, no sé ni cuantos años tengo o en que fecha nací. Solo recuerdo vagamente sus rostros y algunos momentos en el bosque con ellos, y el último de esos recuerdos es como me hacían correr y, al girarme en mi carrera, la visión de todo lo que había conocido hasta entonces destruido a manos de los cazadores. -No da ninguno de los pocos datos que tiene, ni sobre sus padres ni sobre su muerte, solo dice lo básico, porque hablar de ello duele demasiado como para entrar en detalles- Terminé en un orfanato, y la verdad, no me es necesario hacer memoria de mis años allí porque no son ni agradables ni relevantes -Se encoge de hombros, restándole importancia- El caso es que ni si quiera un hospicio puede llegar a ser un negocio limpio, siempre hay gente que quiere sacar tajada a costa de los actos más repugnantes y allí... Digamos que no todos los niños que salían del lugar lo hacían para ir junto a una familia adoptiva. La Bratva mueve grandes redes de proxenetismo en Rusia, y la prostitución infantil es algo muy cotizado en un mundo demente y enfermo. Pero claro, para forrarse de oro, se tiene que tener una mina... ¿De dónde sacaban a los niños con los que traficaban sexualmente? -Es una pregunta demasiado obvia como para responderla, por lo que continúa sin más- Al principio yo no entendía nada, solo pude retorcerme de dolor cuando sentí como me quemaba la nuca... Luego comprendí que nos marcaban como el ganado porque para ellos no eramos ni personas, solo eramos la fuente de ingresos. -Baja la mirada, incapaz de seguir manteniéndola fija en él dado el dolor que empieza a ser cada vez más visible en sus ojos claros, de forma sobrecogedora. El hielo de sus irises se derrite por el fuego del dolor, avivado al estar confesándolos y haciéndolos presentes- Regenarme rápido y no envejecer fueron dos cruces que hicieron que destacase y me convirtiese en una pieza de lujo destinada al depravado que más lleno tuviera el bolsillo y, cuando deje de parecer una niña para pasar a verme como una adolescente que pudiera considerarse casi mujer, me destinaron a otro burdel. No sé cual de los dos lugares era peor, al menos cuando se trata de niños los que pagan son asquerosamente melosos, pero una vez te ven como una mujer... La violencia y la humillación están a la orden del día. -De nuevo entierra el rostro entre las manos, intentando mantener una compostura que ya no tiene- Las drogas que nos suministraban a las mujeres de allí, con el propósito de volvernos dóciles y sumisas, reprimían mis verdaderos instintos, a la bestia que hay dentro de mí, así que sencillamente pensaban que era una freak con crecimiento retardado y a la que no importaba ofrecer a los clientes que quisieran hacer verdadero daño porque las cicatrices que quedaban eran mínimas. Una mina de oro, a fin de cuentas... Pensé en quitarme la vida muchas veces pero hacerlo solo por mí y mi sufrimiento me resultaba demasiado cobarde incluso para alguien como yo. Me evadía gracias a algún libro conseguido a escondidas y a los pocos días en los que extenuada lograba que me dieran descanso -La voz comienza a entrecortarse, delatando que bajo las manos que ocultan su rostro las lágrimas comienzan a nacer en sus ojos- Hasta que un día la tortura llegó demasiado lejos y nada fue suficiente para reprimir a mi naturaleza... Me transforme retorciéndome de dolor y... Arrasé con todo. Dejé a mi paso cadáveres y un local medio destrozado, y huí... Huí durante años, he perdido la cuenta de los mismos, por toda Rusia, Ucrania, Hungría... Y, finalmente, Rumanía. Antes de Bucarest, no pasé demasiado tiempo en ninguna manada cuando las encontré, porque en cuanto descubrían que podían estar persiguiéndome me repudiaban y desterraban. Quizá por eso aprendí a no intentar formar parte de nada y a no contarle a nadie todo esto. -Coge aire, reprimiendo un sollozo- Sobreviví haciendo lo único que sabía hacer, lo único para lo que me habían educado, y lo único para lo que creía valer: venderme.

Se siente liberada, pese a que sepa que aunque ha contado lo peor, quedan demasiadas cosas de las que hablar. Jeremmy, Kiefer, la profecía, sus muchos secretos... Demasiadas cosas. Pero lo peor y lo más duro ya está dicho. No es capaz de desenterrar la cara de entre sus manos y mostrar un semblante surcado por el llanto, no es capaz de mirarle por miedo a encontrarse con el rechazo en esos ojos. Solo espera, en silencio, a que o bien se marche o bien pregunte lo que quiera, antes de continuar... El dolor que va por dentro es agónico, y su alma se retuerce ante cada sacudida, pero al menos la culpa comienza a abandonarla poco a poco.

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Gabriel Silverfang
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MensajeTema: Re: Confesiones (Gabriel)   Jue Abr 29, 2010 6:54 pm

Mis ojos buscaron los suyos una vez más para perderme en ellos de aquella manera tan hipnótica tal como me había acostumbrado. Esos ojos que han visto partes de mi que nadie lo ha hecho, esos ojos que han conseguido hacerme perder la razón, esos ojos de los cuales necesitaba beber a cada rato a pesar de que el hilo que ahora se tensaba entre ambos se estirara amenazando romperse por sí solo.

Alcé la mano dando una calada al cigarro casi acabado, dejando caer la colilla a la calle sin importar el que a algún desafortunado le cayese encima, ahora mi atención estaba en Eithne, aunque no lo pareciera. Aquella atención captó las palabras que por sus labios, aquellos labios que un día hicieron sucumbir a los míos, dejaban fluir aquellas palabras. Sin interrumpirla, tan solo mirándola, queriendo, necesitando escucharla.

Ante su ofrecimiento de saber la verdad, su historia su pasado, al igual que ella sabía el mío. Interrumpí mi silencio entreabriendo los labios sin apartar la mirada de ella -No voy a marcharme…- Dije en un susurro pero audible, aun sin levantarme del ventanal, si saber como reaccionar, sin saber que debía hacer en aquel momento ¿Debía acercarme y tomarla entre mis brazos para evitar que fuera ella la que se marchara? Para evitar que ocurriese aquello que tanto temía, que se fuese, podría decirse que me había acostumbrado a su presencia, pero aquello no sería del todo cierto, necesitaba de ella, necesitaba sentirla necesitaba olerla necesitaba escucharla… Todos hemos cometido errores en el pasado, yo el que mas –y a veces sigo torturándome por ello- pero si yo había aprendido a dejar atrás el pasado para formar una nueva vida, ella también podía -Quiero compartir contigo mi nueva vida…- Dije en voz alta lo que realmente pensaba que solo había sonado en mi cabeza y ya nada podía hacerse para ocultar esa frase. Luego el silencio.

A punto estuve de detener aquel, gesto pero llegué a ver aquella marca en la cual no había reparado hasta ahora. Unos números… ¿Tatuados? No… marcados, quemados sobre la piel, pronto, comenzó su historia y como un día hizo ella, yo escuché e n silencio cada palabra, sin separar los ojos de los de ella.

Mi rostro parecía imperturbable, pero lo cierto era que moría por dentro a cada palabra de su triste historia, notaba mi corazón encogerse percibiendo toda aquella aura que la rodeaba, aquel dolo aquella tristeza que se me contagiaba, a pesar de no dar señales de ello pareciendo tener mi habitual máscara, pero lo que realmente era, e s que mi rostro era incapaz de expresar nada, por la congoja de mi corazón, dolía… porque a ella le dolía lo notaba y es lo que me transmitía.

Toda aquella información caía cual árbol talado en un bosque pero yo lo soportaba o al menos eso creía. Su voz se silenció dando aparentemente final a aquello. Había perdido sus ojos los cuales estaban ocultos entre sus manos y llevado por la necesidad me puse en pie caminando con aquellos piel descalzos notando como una brisa fría azotaba mi cabello, deteniéndome por un instante en girarme y cerrarla ventana. Vestía un pantalón gris ancho con el que normalmente dormía no precisando de aquella camiseta, no teniendo necesidad de usarla para ocultar aquellas cicatrices que Eith ya conocía.

Mis pies caminaron de manera lenta acercándose hacia la cama donde ella reposaba, sentándome con aquella parsimonia en el costado de esta dejando que notara como se hundía bajo mi peso el colchón, alzando luego una de las manos rozando con la yemas de los dedos esas manos que ocultaban aquellos ojos, en una petición muda para poder verlos. -Me lo merezco…- Susurré finalmente, y así lo creía, pues yo tampoco había sido completamente honesto desde un primer momento, ojo por ojo… y diente por diente…

Buscaba sus ojos necesariamente rozando las yemas de los dedos una segunda vez a modo de reclamo, a modo de captar su atención -Mírame…mírame…mírame...- Susurré, tal y como aquella infernal noche había pensado, sustituyendo el intento de contacto telepático con la palabra viva, ahora sin motivos para ocultar aquella necesidad, aquel deseo...

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Eithne Karenina
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MensajeTema: Re: Confesiones (Gabriel)   Jue Abr 29, 2010 7:41 pm

"No voy a marcharme... Quiero compartir contigo mi nueva vida…" Si bien esas palabras deberían haberla hecho sentir alivio, haberla hecho abrazarse a él para nunca soltarle, no fue eso lo que sucedió. La mente de Eithne había sido golpeada demasiadas veces en la zona encargada del optimismo y los buenos sentimientos, dejando campo abierto a las emociones más dañinas que el ser pueda experimentar. Y eso fue lo que pasó en aquel instante en el que Gabriel pronunció aquellas palabras... Que de nuevo afloró la culpa.

No, no quería perderle, y se moriría de hacerlo... Pero no podía ser tan egoísta. De nuevo un estúpido altruismo sin sentido le hace querer sacrificar una de las pocas cosas que le hace feliz: a él. No puede condenarle, no puede aceptar que mande tanto a la mierda por ella, porque sigue sin pensar que lo merezca. Y su egoísmo no es capaz de ignorar ese hecho, de obviar las circunstancias... Es demasiado indigna, y va a hacérselo ver, cueste lo que cueste, duela lo que duela. Y después, si tiene que ahogarse entre sus propias lágrimas, si tiene que sucumbir a su propio sufrimiento y ver como la cordura que le queda se extingue en su último aliento, que así sea...

Aparta sus manos del rostro, apartando también de ese modo los dedos de Gabriel de encima de estas. Y le hace caso, mirándole, con el rostro surcado por el llanto y los labios temblorosos. Sin embargo, cuando le mira, no lo hace expresando todos los sentimientos que por dentro la remueven, sino el de la negación. Niega, niega con su mirada y poco después lo hace con su cabeza, para finalmente, negar a viva voz:


-No -Responde, tajante, y se aparta hacia un lado, alejándose de él- No quieres- Trata de sonar neutra, distante, de ocultar las emociones como siempre ha sabido hacer aunque con él cueste- O no vas a querer cuando oigas lo que te voy a decir...

Es entonces cuando comienza otra de sus paradojas internas. En silencio, su mente va pensando todas las cosas que le gustaría decirle. En voz alta, sus labios comienzan a mentir diciendo todo aquello que sabe que servirá para alejarle de ella sin remedio alguno.

-Lo lamento, pero no puede ser. Sencillamente, soy demasiado joven como para saber lo que quiero -"Mentira, te quiero a ti"- No soy una persona concebida para estar con nadie, y... ¿Quieres saber por qué? -"Porque eres demasiado grande, y nunca estaré a tu altura"- Porque soy una puta. Siempre lo he sido, lo sigo siendo, y siempre lo seré. Que cambie de trabajo no va a hacer que ese hecho varíe. Está en mi naturaleza, es para lo que realmente valgo, durante años lo he demostrado y seguiré igual. -"Y siguiendo igual, te haré libre"- ¿Quieres pruebas? Bien. Me follé a Tyler, me follé a Ethan, hice lo mismo con Kiefer e incluso con Nicole. Y con mucha más gente que tú no conoces y no voy a enumerar... -"Lo siento..."- Mírame: Soy una cría y ya estoy desgastada, soy una muñeca demasiado usada como para que haya algo nuevo que te pueda dar. -"Y aún así te daría lo poco que tengo, lo que ves, mi vida entera... Todo lo compartiría contigo"- No tengo nada que pueda compartir contigo...

Asco, eso es lo que se da y eso es lo que quiere lograr darle a él... Le duele, ya lo cree que le duele, y se acaba de contradecir con su anterior comportamiento, acaba de contradecirse diciéndole aquello tras haberle contado todo su pasado. Pero es precisamente el ver que lo que Gabriel siente por ella es lo suficientemente fuerte como para no importarle su vida antes de Bucarest, por la cual tantas veces había sido repudiada, lo que le hace sentir que no se merece un sentimiento tan grande y sobrecogedor. Y por eso se asegura de que todo el odio y la repugnancia que ella siente hacia si misma calen hondo en Gabriel, para hacer que las sienta él también... Y sabe como conseguirlo, sabe que con lo que va a decirle ahora le dará la patada final tras todos los golpes que acaba de asestarle, el último y necesario empujón para perderle para siempre. Le mira, por dentro destrozada, por fuera logrando recuperar la compostura gracias a un esfuerzo que interiormente es agónico y que sufre en silencio. Y, sin pensárselo dos veces, propina esa última puñalada:

-Y por cierto... Me follé a tu hijo.

"Y te amo, te amo con toda mi miserable alma..."

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Gabriel Silverfang
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MensajeTema: Re: Confesiones (Gabriel)   Jue Abr 29, 2010 10:09 pm

La mano que estaba a la altura de las suyas descendió con aquel gesto y por fin al ver sus ojos pude volver a respirar, pero…había algo en ellos que no se me hacía del todo cómodo, ¿Tristeza? ¿Dolor? ¿Culpa? No conseguía llegar a descifrarlo y fue entonces cuando un “no” salió de sus labios y se hizo a un lado lo que me confundió haciéndolo reflejar ahora en mi rostro sin llegar a interrumpir sus siguientes palabras, que anunciaban tal “noticia”.

No apartaba la mirada de ella mientras hablaba intentando comprender asimilar aquellas palabras que sonaban extrañas en aquel momento. Las siguientes palabras, las siguientes confesiones, mis labios se entreabrieron escuchando sus palabras el cómo hablaba, de lo que hablaba, con un aire tan déspota. Cada uno de aquellos nombres se clavó en mi mente como dagas, incrédulo la miraba.

Largo fueron los segundos en los que un dolor de cabeza comenzó a punzar mis sienes cerrando las manos apretando los puños, notando como la incontrolada respiración se hacía más viva, mientras mi corazón parecía querer salir corriendo, ponerse a salvo, pues en estos instantes se sentía dañado golpeado. Pude comprender que en su pasado tuviera otra vida, la he ayudado a superarlo, cosa que nunca le he reprochado ni reprocharé, pero… el hecho de usara tono tan déspota hablando de algo así de algo que sabe que me hiere ,sobre todo con aquel primer nombre…

A mi memoria regresó aquel momento aquel instante en el festival antes de que Kiefes rubiera a cantar, aquel beso…Algo se quebraba dentro de mi sin poder evitarlo y fue entonces cuando me puse en pié caminando por la habitación ahora de espaldas a ella -Cálmate Gabriel…cálmate…- Me decía mentalmente llevando una mano a mi rostro sujetando con índice y pulgar el puente de mi nariz, mientras la otra mano descansaba en la cintura -Hubiera preferido no saber nada…- Esas fueron las palabras que no salieron de mi boca, tan solo continuaba en silencio.

Me detuve de nuevo frente a la ventana, estirando una de las manos para abrir aquellos cristales, necesitaba aire, me ahogaba necesitaba gritar incluso necesitaba rajarme el pecho para notar el cómo se liberaba la presión de este. Me mantuve en aquel lugar apretando el puente de la nariz y la mandíbula, pretendiendo serenarme siendo imposible notando como aun mi pecho pretendía abrirse.

“Y por cierto... Me follé a tu hijo” Mis ojos se abrieron súbitamente “crack” ese fue el sonido que pude escuchar y era el crujir de mi nariz ante la repentina presión ejercida. Si en efecto, con tan solo dos dedos había roto el puente de mi propia nariz. Un cosquilleo descendió por una de las fosas nasales y la punzada en el tabique se hizo presente, pero no tan notoria como la que apresaba mi corazón, el cual, si miraran en mi interior, verían como un alambre de espinos lo rodea apretando mas y mas y mas…

Bajé las manos apretando los puños, sin prestar atención a aquella lesión facial que no sabía ni que consecuencias tendría por el momento. No me pronuncié no dije nada, no podía, la congoja me apretaba mas y mas. Sin más, sin siquiera mirarla caminé acercándome donde estaban mis cosas, poniéndome sobre aquel pantalón gris uno de los vaqueros, por encima una camisa arrugada que no me moleste en abotonar y los zapatos sin calcetines.

Una gota de sangre descendió por mis labios cayendo en aquella camisa limpia, la sangre descendió como quisiera que aquellas lagrimas lo hicieran, pero no aparecían, se negaban a dar la cara. Una vez más, mi mascara se alzó dejando ver la neutralidad en mi rostro mientras caminaba hacia la puerta. -Necesito pensar…- Era lo que me repetía mientras atravesaba la puerta cerrando tras de mí para luego descender las escaleras en trote buscando el salir de aquel edificio.



Abreme tu corazón, y deja paso libre a tus deseos y a la emoción
imagínate volver a vivir una vez más tu sueño es mi sueño
te siento muy dentro tan dentro que me asfixias
me ahoga tu aliento inmerso en el...

Tú pusiste la ilusión a una vida de horror
yo perdí tu corazón perdí la razón los perdí...

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MensajeTema: Re: Confesiones (Gabriel)   Jue Abr 29, 2010 11:21 pm

"El suelo de mi vida se viste,
se abriga con hojas de un adiós,
mi destino es amar y despedirme
pedir permiso para vivir"

Silencio. Un sepulcral, doloroso y abrupto silencio. Esa es toda la respuesta que él da tras las puñaladas asestadas por Eithne. Y realmente ella no sabe si le habría dolido más que dijese algo, probablemente sí, pero eso no quita que esa ausencia de palabras le resulte cuanto menos agónica. Es incapaz de seguir con la mirada la trayectoria que hace Gabriel de la cama a la ventana, limitándose a clavar su azul mirada en el blanco desgastado de la sábana. "Bum... Bum... Bum", los latidos de su corazón se le antojan como si este quisiera salir de su pecho y dejar en su lugar un hueco que supure todo el veneno que ella ha utilizado para mentir al hombre al que, ya no puede negarlo, ama.

"Jeremmy tenía razón, soy veneno..." piensa, con amargura. Y en efecto, lo parece, porque todo el que intenta acercarse a ella, a su esencia, sale escaldado. Sucedió con Ketsuo, cuando ella le dejó y huyó escaleras abajo. Estuvo apunto de suceder con Kiefer, solo que él era tan buen actor como ella y eso le impidió rendirse. Sucedió con Jeremmy, por quien se autoengañó a si misma una y otra vez diciéndose que el dolor que sentía al pensar en él era por un desprecio incontrolable, para luego acabar admitiendo el verdadero motivo: que, a su manera, una manera demasiado brusca y platónica, también le quería. Y ahora estaba sucediendo con Gabriel, a quien no solo quería, sino que amaba con locura, con fascinación, como si un caprichoso lazo kármico atase su joven alma a la del viejo lobo. Parece que lo único que sabe hacer cuando alguien intenta llegar hasta ella, es dañar a esa persona y alejarla, para condenarse a si misma a la soledad... Realmente es así, por una sencilla razón: cree que esa soledad es la única compañía que merece.

"Cada vez que intento perder el miedo a caer
me tropiezo en mi misma
y dejo escapar a quien me ha querido
y me quedo sin luz"

Oscuridad, eso y no el oxígeno, es lo que parece penetrar en su interior cuando Gabriel abre la ventana. La poca luz que había adquirido su alma se apaga de golpe, como la llama de una vela al ser rozada por el viento. El "crack" de la nariz de Gabriel al partirse se le antoja como un eco lejano, y nuevamente no alza la vista cuando sabe que está recogiendo sus cosas. Únicamente sigue de reojo su rápido camino hacia la salida, con el consecuente portazo haciéndolo todo retumbar. Hasta ella llega el sonido de Gabriel descendiendo las escaleras y entonces comprende que acaba de presenciar como el hombre de su vida, aquel al que inconscientemente había elegido, iba a salir de esta para siempre.

No son segundos ni minutos, sino horas, los que su cerebro tarda en asimilar esa realidad. Y es entonces cuando su rígido cuerpo, que había mantenido la postura sentada durante todo el tiempo, cae como un peso muerto sobre el colchón. Eithne se aovilla, abrazándose a si misma al notar el comienzo de un temblor que pronto la sacude dolorosamente. Su respiración se entrecorta, sintiendo como se ahoga, cuando un grito desgarrador rompe el silencio de la habitación. No es el primero, a este le suceden muchos más. Grita, grita una y otra vez, en un intento de que deje de doler. Y, finalmente, se queda en silencio, llorando, hasta que las fuerzas no le permiten hacer ni eso.

Le ha perdido, se ha ido para siempre, y nunca va a volver. Se ha quedado completamente sola, y ha sido así porque ella misma lo ha provocado. Es entonces, cuando el peso de esa gran verdad la envuelve cual invisible manto de espinas, que una cosa queda clara: seguirá viva, pero su corazón parece haberse detenido, dejando abrir dentro de él un hondo agujero, el de la irremediable pérdida de Gabriel.

"Adiós, mi vida, me voy,
te dejo marchar, viviré en tus recuerdos,
jamás te olvidaré..."

_________________


Burnt out ends of smokey days
The stale cold smell of morning
The streetlamp dies, another night is over
Another day is dawning...


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